sábado, 31 de marzo de 2012

Poemas a quemarropa


Poemas a quemarropa es un libro desgarrador de contenido histórico en donde el autor hace un repaso por la barbarie europea, desde los campos de exterminio de los nazis a las represalias de los rusos y los aliados tras la derrota de Hitler, sin olvidar la Guerra Civil española. El libro es una crónica del horror en versos emocionantes, presentados aparentemente en prosa, salvo una señalada excepción, porque, según una cita de Theodor Adorno que viene al principio del libro: “...escribir un poema tras Auschwitz es barbarie”. La estructura del libro es cerrada e impecable, y los versos están cortados con perfección técnica, a pesar de la apariencia de prosa.
Dice Rafael Guillén de este libro: “Cuando leí el original de Poemas a quemarropa, me impresionó desde el primer poema. Se trata de una poesía épica en la que la lucidez deja paso, a veces, a la ternura. Esa conjunción de la sensible desnudez en la exposición con el horror del argumento me causó una sorpresa y un asombro largamente esperados en la lectura de la poesía más reciente. Se trata de un estremecedor alegato contra la crueldad humana escrito con emoción y con una voz personalísima. Espero no equivocarme si digo que pocos libros como éste merecen un destacado puesto entre los de los poetas de su generación.”
Poema de la página 24:

Franciszek Gajowniczek (Strachominie, 1901- Brzegu, 1995)
Maksymilian Maria Kolbe (Zduƒska Wola, 1894 - Auschwitz, 1941)
Es la norma del campo, y lo sabéis. Lo sabía el fugado, que huyó con vuestras vidas a su espalda: culpadle a él de nuestra represalia.
Cada evadido carga con diez muertes en su conciencia, y no existe excepción para la norma: ayunaréis hasta que vuestra carne se consuma en la celda de castigo.
Franciszek Gajowniczek: tú serás el primero.
...Y en el silencio rompes a llorar, cayendo de rodillas: qué será de tu mujer e hijos, te preguntas, entre mocos y babas, como un niño, e invocas a tu Dios, que te ha olvidado. Tus plegarias estériles repugnan, mientras limpias mis botas con tus lágrimas.
Una pesada ráfaga de plomo dejaría caer sobre el silencio del Dios al que suplicas vanamente, pero algunas semanas de hambre atroz reforzarán mejor la disciplina.
Por eso, cuando el preso dieciséis mil seiscientos setenta da un paso, al frente, entre la fila, y me ofrece su vida, a cambio de la tuya, dudo un instante, pero acepto el trueque.
Entre dos bestias no hay gran diferencia, y obrarás sin saberlo dos milagros: que la oración te salve y sobrevivas, y yo haga a un cerdo santo en los altares.
Nota de la página 84 sobre el poema anterior:
16670. Número asignado al preso Maksymiliam Maria Kolbe (Zduƒska Wola, 1894 - Auschwitz, 1941). Fraile asesinado finalmente con una inyección letal, que ofreció su vida a cambio de la de Franciszek Gajowniczek, tras la fuga de un preso del campo de exterminio. Fue condenado a morir de inanición. Según relata un testigo Gajowniczek abandonó el pelotón, suplicando por su vida, pues tenía esposa e hijos. En ese momento Kolbe, quitándose la gorra, se dirigió al oficial al mando. “¿Qué quiere este cerdo polaco?”, le gritó. “Soy sacerdote, ya soy anciano, y quiero ocupar su lugar. Él tiene esposa e hijos.”, dijo Kolbe. Tras un instante de silencio, el comandante ordenó a Gajowniczek que regresara a su fila. A la edad de 81 años, el preso salvado asistió a la beatificación del sacerdote polaco, oficiada por Pablo VI en 1971. Kolbe fue canonizado por Juan Pablo II en 1982

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