sábado, 14 de septiembre de 2013

Unsere Mütter, unsere Väter

Estar contada desde el lado de las trincheras menos visitado por el cine y la televisión y con cinco puntos de vista distintos, los de cinco amigos en la veintena, son las dos principales bazas que han convertido a Hijos del Tercer Reich (Unsere Mütter, unsere Väter) en un fenómeno en Alemania, donde esta miniserie de producción europea que ha llevado una década de trabajo ha contado con una media de siete millones de espectadores por episodio. Tres capítulos de hora y media de duración cada uno (muy al estilo británico, como Sherlock o Black Mirror)Otra época, Otra guerra y Otro país son los títulos de los tres episodios que componen Hijos del Tercer Reich. Los protagonistas, pese a ser una serie bélica, no son solo soldados. Además de miembros del ejército de Hitler hay una camarera/cantante, una enfermera y un sastre judío. Los soldados son los hermanos Wilhelm (Volker Bruch) y Friedhelm (Tom Schilling). El primero es el mayor, un joven de fuertes convicciones patrióticas que decide alistarse en el ejército por principios, convencido de que hace lo correcto por el bien de su país. Un teniente que ejerce de narrador de la historia que acabará dándose de bruces con la realidad y viendo como los ideales por los que creía luchar no son tales. Friedhelm es el más joven de los dos hermanos. Un chico sensible, apasionado de la lectura, que evita estar en primera línea. Algo que le convierte en un cobarde y un peligro para el batallón a los ojos de sus compañeros de armas. Una deshonra para su aguerrido hermano. Nunca se presenta voluntario. Hasta que lo hace y su vida da un giro. Como él mismo dice, parafraseando a otro protagonista, la guerra acaba sacando lo peor de cada uno y su caso es buen ejemplo de ello. En el grupo de cinco amigos reunidos una noche de verano antes de que la guerra separe sus caminos -escena con la que arranca la serie- está también Greta (Katharina Schütter), una camarera con aspiraciones de diva hollywoodiense que se enreda con un alto cargo de las SS para, entre otras cosas, salvar a su novio judío, Viktor (Ludwig Trepte). Lejos de conseguirlo, este acaba detenido y enviado a un campo de concentración. Y con ellos, cerrando las presentaciones, Charlotte (Miriam Stein), una entusiasta enfermera de la Cruz Roja que pierde toda la inocencia atendiendo a los heridos en el frente.




















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