domingo, 29 de junio de 2014

LA COCINERA DE HIMMLER

¿Se puede combinar el holocausto nazi y el humor? Roberto Benigni demostró que es posible en su maravillosa película "La vida es bella". El escritor y periodista francés Franz-Olivier Giesbert se suma a esta arriesgada combinación y nos ofrece la historia de los grandes dramas del siglo XX europeo, el siglo de los asesinos, aderezados con ironía, sexo y cocina. Estos son los pilares sobre los que se sustenta una novela que se lee sin pausa, aunque con algún sobresalto. Una trama muy original, en la que Rose, una cocinera de 105 años, nos sirve de guía por la Europa más cruel y nos arrastra en una huida del horror que nos llevará hasta China. La historia se inicia con el nacimiento de esta armenia que tendrá que dejar Turquía para escapar del genocidio. "El día de mi nacimiento, los tres personajes que iban a arrasar la humanidad ya estaban en este mundo: Hitler tenía dieciocho años, Stalin, veintiocho, y Mao, trece. Había caído en el siglo equivocado: el suyo.», nos cuenta. Vengativa, apasionada y despiadada ofrece un relato un tanto loco que bascula entre la confesión de una asesina en serie y el diario de una víctima superviviente de las más atroces aventuras. "Si el infierno es la historia, el paraíso es la vida", proclama esta optimista convencida que camina con el corazón lastrado a partes iguales por sus amores perdidos y sus odios eternos. Un corazón que no sucumbe al miedo o al desánimo, aunque a veces su salamandra, esa conciencia con patas, le haga dudar. Giesbert construye una historia que se sale de lo corriente y que sorprende por su falta de decoro, por su olvido de lo políticamente correcto. Nada, ni nadie es sagrado, ni el dolor de los más inocentes y mucho menos los respetados intelectuales. De la mano de Rose, que viaja con una pistola en el bolso y que aun sucumbe al impulso erótico cada vez que cruza con un joven deseable, revisitamos la historia del siglo y comprendemos algunas claves ocultas. Un libro que entretiene y que obliga a reír, aunque a veces sea por no llorar.Y además, al final nos espera un bonus: las deliciosas recetas de La Petit Provençe.


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