viernes, 30 de diciembre de 2011

Un cartel antisemita publicado en Polonia en marzo de 1941. El texto dice: "Los judíos son piojos; causan tifus".

No cabía en el sentido común que fuera posible exterminar a cientos de miles de judíos”, Yitzhak Zuckerman, líder de la resistencia judía en Varsovia
La propaganda sirvió como una herramienta importante para obtener el apoyo de la mayoría del público alemán que no había respaldado a Adolf Hitler y avanzar con el programa radical nazi, que requería el consentimiento, el apoyo o la participación de un amplio sector de la población. Un nuevo aparato de propaganda estatal liderado por Joseph Goebbels, combinado con el uso del terror para intimidar a aquellos que no se sometían al régimen, buscaba manipular y engañar a la población alemana y al mundo exterior. A cada paso del camino, los propagandistas predicaban un atractivo mensaje de unidad nacional y un futuro utópico que tocaba una fibra sensible en millones de alemanes. Al mismo tiempo, iniciaban campañas que facilitaban la persecución de los judíos y de otros grupos que estaban excluidos de la visión nazi de la “Comunidad Nacional”.

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